La cantidad de personas que comenzaron a trabajar en aplicaciones de transporte como Uber, Cabify y Didi aumento de manera acelerada en los ultimos meses y ya supera los 100 mil nuevos choferes incorporados en apenas un trimestre.
Detras de este crecimiento aparece un escenario marcado por la crisis laboral, la caida del poder adquisitivo y la dificultad de muchas familias para sostener sus ingresos mediante empleos formales.
Lo que tiempo atras era considerado una actividad complementaria hoy se transformo en una alternativa casi obligada para miles de personas que buscan generar dinero de manera rapida. Entre quienes se sumaron a estas plataformas aparecen profesionales, jubilados, docentes universitarios y trabajadores de distintos sectores afectados por la situacion economica.
Sin embargo, el aumento de conductores tambien genero una fuerte competencia interna que redujo la rentabilidad del trabajo. Segun estimaciones del sector, aunque algunos choferes pueden facturar cifras elevadas por mes, gran parte de esos ingresos se destina a combustible, mantenimiento del vehiculo, impuestos y otros gastos operativos.
A esto se suma la falta de cobertura laboral y las condiciones de vulnerabilidad a las que quedan expuestos los trabajadores, quienes deben afrontar riesgos vinculados a la inseguridad, accidentes y largas jornadas laborales sin proteccion social.
El debate sobre la regulacion de las plataformas volvio a instalarse con fuerza, ya que las empresas manejan tarifas, recorridos y sanciones mientras los conductores absorben la mayor parte de los costos y riesgos de la actividad.
Especialistas advierten que el fenomeno refleja una transformacion profunda del mercado laboral argentino, donde cada vez mas personas quedan fuera del empleo estable y recurren a formas de trabajo independientes e informales para sostenerse economicamente.