Cuando un auto se enciende, el motor no está en condiciones óptimas de funcionamiento. El aceite, que es fundamental para lubricar las piezas internas, todavía no circula con la fluidez necesaria.
En ese momento, las partes metálicas trabajan con mayor fricción. Si se acelera de golpe, el esfuerzo sobre esos componentes aumenta y puede generar un desgaste mayor con el paso del tiempo.
Además, el motor frío no quema el combustible de la manera más eficiente. Esto puede provocar un funcionamiento menos estable y un consumo mayor en los primeros minutos.
Por eso, los fabricantes recomiendan arrancar el vehículo y comenzar a circular de forma suave, sin exigirlo. No es necesario dejarlo en marcha mucho tiempo detenido, pero sí evitar aceleraciones bruscas hasta que alcance su temperatura normal.
Este pequeño hábito puede extender la vida útil del motor y mejorar el rendimiento general del vehículo sin ningún costo adicional.